Solía caminar sin rumbo, llena de heridas, sin dudarlo aquellos fueron mis peores días, tenía tanta sed y aquel desierto parecía no tener fin, ya había comenzado a perderme, ya empezaba a darme igual la gente, mi corazón y mi alma se congelaban y no había manera de evitarlo, al menos eso creía, mis esperanzas habían casi menguado y mis anhelos ya los había desechado. Justo cuando en mis pies se habría un abismo eterno, ,justo cuando creí que iba a morir, justo cuando pensé q vivir era inútil, en ese preciso instante fue cuando apareciste con tal fuerza que
(Leer más)Tu ser,
mi ser,
la luna,
la desnudez,
un beso fugaz deslizándose por mi cuello,
palabras confundiéndose con agitados gemidos,
intentando controlar lo q es en ese momento irrefrenable,
tratando de descubrir cada secreto en la anatomía amante de tu vida,
actuando como si fuese la última noche de amor q viviremos,
desquiciados,
alocados,
pero amados el uno por el otro,
intentando escapar del frio,
abrazados hasta el final,
besándonos hasta el alma,
alcanzando la felicidad.
Cada día vivido en soledad, cada palabra dicha en el más completo silencio, cada grito sordo, cada beso prisionero de mis labios buscando de forma incansable los tuyos, cada caricia atrapada en un abismo muy oscuro esperando tu luz a que venga por ellas, cada deseo, cada pensamiento, todo absolutamente todo, es por ti, ¿quien eres?, eres lo más bello de mi vida, eres la dulce adicción de mis noches, el dueño de mis sueños, el que está en cada uno de mis pensamientos, el que se instalo de forma permanente en mi corazón, el que no quiero q se
(Leer más)En la jerga de una guerra, capitular significa, entregarse bajo ciertas condiciones.
Tienes ganas de saltar, le pregunté, mientras miraba el fondo de aquel risco, oscuro lleno de tensiones, pero en donde había verdadera paz.
No, me respondió él, ¿estás loca?
Un poco, yo sí tengo ganas de saltar, tengo ganas de ver esa oscuridad, de sentir esa paz, de abandonar, de capitular y entregarme a la muerte bajo ciertas condiciones, ya no hay nadie que necesite de mi existir en esta vida, nadie, y es lo que me tocó vivir, morí en vida esperando, y en ocasiones buscando, al
(Leer más)Me estoy muriendo, me dijo la voz. Abrí los ojos. Pero no puedo morir. Levanté la cabeza del piso. En el vacío de la oscuridad, nada se movía. Estoy muerto, decía la voz dentro de mi cabeza, pero todo en lo que creí, vive. Una voz conocida, aguda y blanca, las cañerías de vapor en el departamento de Patrick Burke. Me arrastré hasta la cocina y puse la cabeza en la pileta. Si tengo que morir para siempre-el agua fría corría por sobre las palabras-, no será solo. Me tapé las orejas con las
(Leer más)-Necesito un poco de luz, tal vez necesito una cajetilla de cigarrillos, y hielo, porque el ron es asqueroso tibio, aunque un pito sería fenomenal –dice Paola absorta mirando un punto fijo del horizonte –sí, un pito sería la mejor opción.
-¿Por qué?, ¿qué rayos te pasa? –pregunta Elena con las cejas arqueadas.
-¿Por qué?, sencillo, porque hay que celebrar, sonrió, mirando a Elena, irónica.
-¿Qué vas a celebrar?, me extraña que digas todo ese montón de estupideces, tú no te comportas así.
-¿Así cómo? –quiso saber Paola, q seguía sonriendo.
-Así, tan rara, tan fría quizás, además tú nunca (Leer más)
Mientras la brisa sacude mi cabello y sentada en esta banca frente al planetario, los recuerdos se tropiezan con mi conciencia y me hacen divagar por rincones del tiempo que en ocasiones considero inexpugnables y lejanos, como si estuviera sentada en un cine de Huérfanos viendo una película sobre la vida de otra persona, de otra que nada tiene que ver conmigo y entendiendo que tengo un eslabón extraviado entre lo que fui y lo que soy continúo extasiada “mirando esa película” fantaseando con un final que ya conozco, y que intento cambiar.
Lentamente abrió la puerta de la habitación, entro en puntillas, intentando no causar ruido, miro la cama y vio que su amada dormía, la miro de cerca y notó que había llorado, pues su maquillaje estaba totalmente corrido, y se sintió muy mal, muy estúpido de hacer sufrir a una mujer como ella, en otros tiempos él hubiese mandado todo a la mierda sin siquiera pensarlo, pero con ella era diferente, porque no podía dejar de quererla, aunque muchas veces lo había intentado. Se sentó en la orilla de la cama, y pensó que la vida era irónica y cruel,
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